Apuntes sobre la industria del mueble de la Comunidad Valenciana y su ecoeficiencia en el período 1990-2000

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Publication date
2004
Reading date
15-09-2004
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INTRODUCCIÓN. ¿QUÉ ES LO QUE ESTÁ EN JUEGO? Partamos de la base de que este es un trabajo de investigación para la obtención del D.E.A. Por ello creemos que debe ser algo a mitad de camino entre un trabajo divulgativo y uno especializado. Opinamos que debe ser divulgativo en el sentido de que mi tutor y las personas que juzguen la calidad del trabajo han de corroborar que los conceptos que el alumno utiliza son consistentes, que son comprendidos a un nivel de desagregación y de detalle suficiente e incluso creo que este trabajo es el lugar apropiado para que el alumno arriesgue e intente ir un poco más allá de lo que ha leído en los diversos manuales, dando sus opiniones, aún a riesgo de error. Al mismo tiempo, el carácter especializado del trabajo no puede perderse, dado que como muy bien dijo mi tutor, el trabajo de investigación ha de aportar algo novedoso, creativo y que no se haya realizado con anterioridad. Este doble carácter es el que creemos que mantiene este trabajo sobre la sostenibilidad de la industria valenciana del mueble. Por un lado hablamos con suficiente generalidad, desde nuestro punto de vista, de conceptos que cualquier entendido tiene perfectamente asumidos, pero que vendrán muy bien a aquellas personas, que sin ser un economista, quieran hechar un vistazo a este trabajo, pretendiendo demostrar al tribunal calificador que se sabe uno el camino. Por otro lado, intentamos no perder el nivel intelectual suficiente para que este trabajo pueda ser calificado de aportación novedosa dentro del ámbito académico, aunque siempre con la modestia necesaria y el reconocimiento de que no se trata mas que de una elaboración de un principiante en esto de la investigación. Dicho esto, pasamos directamente a la pregunta que titula esta introducción :¿Qué es lo que está en juego?. LA RESPUESTA ES “SIMPLEMENTE COMPLICADA”: LA SOSTENIBILIDAD. Pero: Qué es la sostenibilidad cuando hablamos de la industria valenciana del mueble?. ¿Se trata de que dicha industria absorba y neutralice aquellos efectos indeseables que produce su existencia? Se podría responder afirmativamente. El problema principal llega a continuación: ¿Qué entendemos por neutralizar y absorber esos efectos? ¿Se trata de monetizarlos, dándoles un valor de mercado e integrándolos dentro de la contabilidad monetaria usualmente utilizada? ¿O se trata de pensar más globalmente y desde un enfoque al mismo tiempo eco-integrador y tratar a la industria del mueble como una parte de un conjunto orgánico que debe ser remodelado para poder garantizar la continuidad de los sistemas naturales (biológicos, ecológicos, de soporte de los sistemas vitales y de la biodiversidad) que garantizan la continuidad de la vida humana y no humana en el planeta?. Evidentemente la respuesta es la segunda, pero el conflicto ha estallado si así se responde. 1 Este trabajo nació con la intención de integrar, si ello hubiera sido posible, dos visiones de los problemas ecológicos a los que se enfrenta la industria de la madera y el mueble (y en general todos los procesos productivos y de consumo): la visión Medioambientalista (Neoclásica) que intenta valorar pecuniaria y sistemáticamente los materiales, energía y servicios medioambientales de la Naturaleza, y que en nuestro caso y de forma principal, aunque no exclusiva, consistía en asumir unos precios más altos para el input madera, de forma que ésta se obtuviese bajo estándares FSC, es decir de forma sostenible, así como del resto de residuos que genera la industria y el consumo del mueble; y la visión de la Economía Ecológica, que plantea los problemas de forma global, es decir, se ocupa de forma principal de solucionar los problemas de la deforestación, el efecto invernadero, la lluvia ácida, la neutralización y el reciclaje seguro de los residuos de alta actividad generados por la industria nuclear, etc. Este planteamiento se creyó por nuestra parte posible en cuanto que la asunción de costes más altos para el sector del mueble respecto de la madera certificada FSC ofrecía datos esperanzadores (en cuanto su escasa cuantía de incremento, como se puede observar en los precios que figuran en el capítulo 5º), que podían hacer suponer que al menos la conservación de los bosques actualmente vivos podía ser posible dentro del esquema de mercado neoclásico. Aunque lógicamente quedaba por discutir si la masa boscosa actual es suficiente para el mantenimiento indefinido de una calidad de vida aceptable para todos los pueblos de la Tierra. En cuanto al resto de residuos que genera la industria de la madera y el mueble, se avanza cada día, imponiendo estándares y normativa de obligado cumplimiento en toda la Comunidad Valenciana. Y como es normal el grado de cumplimiento es cada vez más alto, dado que las empresas se ubican cada día en mayor medida en polígonos industriales, alejados de los centros urbanos, donde el control por parte de la Administración de las empresas que allí trabajan se convierte en tarea fácil e incluso rutinaria, además de centralizar la recogida y facilitar el posterior tratamiento de los residuos. Es evidente, que dentro de este esquema era necesario plantearse retos de mayor calibre: ya hemos apuntado el problema de decidir si con la masa boscosa actual se conserva la biodiversidad deseable y se controla la absorción de CO2, o son necesarias medidas adicionales para regenerar la capa verde del Planeta. Porque si queremos mantener la biodiversidad de los bosques naturales que han tardado miles de años en desarrollarse en Sudamérica, Africa, Asia, Oceanía, Siberia, y resto del Hemisferio Norte, tenemos que hablar del efecto invernadero, ya que los bosques son sumidero natural del CO2 que emitimos diariamente con la utilización del automóvil, con la industria química, etc. También tenemos que hacer referencia a la lluvia ácida que destruye los bosques, tenemos que hablar de la desigualdad Norte-Sur que ejerce una presión indiscutible para que salgan por la fronteras de los países pobres sus refinadas maderas a precio de ganga hacia el Norte. Entre otras razones por su posición político-económica gracias al problema de la deuda externa, y al 2 mismo tiempo gracias al mantenimiento de estructuras oligárquicas en los países pobres, donde se enriquecen unos pocos con la exportación de materias primas y el mantenimiento de una mano de obra barata, sumisa y desatendida que no sabe cómo luchar por sus derechos, etc. La pregunta de rigor, después de haber leído varios manuales de economía medioambiental, que cito en la bibliografía final, es cómo se puede integrar dentro de un sistema contable que sólo tiene en cuenta los precios monetarios toda la problemática a la que aludíamos más arriba. ¿Cómo un modelo matemático-formal basado en la ficción teórico-newtoniana, que es el esquema neoclásico de pensamiento económico, puede tener en cuenta el problema de la existencia de regímenes político-económicos que basan su existencia en la desigualdad entre sus clases sociales, y que gracias a la pobreza de las gentes imponen precios de risa a maderas que son reliquias de un tiempo (décadas de crecimiento natural en un medio natural inigualable) cristalizado en belleza, y talada impunemente como se descuartiza a un animal que le ha tocado en suerte servir de alimento a la especie humana?. ¿Como entonces debemos encarar la cuestión de las maderas certificadas FSC? Y decimos FSC porque tienen el respaldo de algunas grandes organizaciones ecologistas a nivel mundial. Debemos aclarar que no podemos otorgar credibilidad a un sistema de certificación, como es el PEFC, donde sus principales responsables son juez y parte: quien da el visto bueno son las propias organizaciones empresariales que crían madera. En el trabajo de Chris Van Dam que figura en el capítulo sexto se demuestra que las certificaciones están siendo utilizadas por los países ricos para levantar barreras para-arancelarias respecto de los países pobres cuando al mismo tiempo se continúan comprando maderas tropicales que se sabe incumplen todo tipo de normativa medioambiental mínima. Como decíamos, este trabajo nació de la pregunta : ¿cómo afectaría a la industria valenciana del mueble trabajar con madera certificada y asumiendo el resto de costes medioambientales que produce?. A medida que avanzamos en el trabajo, en el capítulo segundo, dedicado al desacoplamiento respecto de la madera, aparece el dato del empeoramiento de la situación respecto del año 1990. Cuando analizamos el problema de la energía y de la asunción de costes para neutralizar los efectos perniciosos de las energías peligrosas, como está demostrado que es la energía de Cofrentes, observamos que el consumo relativo de energías renovables dentro del conjunto de la industria valenciana va disminuyendo año a año, mientras empeora el desacoplamiento respecto de la energía eléctrica y que por tanto son necesarias cantidades adicionales de recursos económicos para la investigación en energías alternativas. Y cuando analizamos el porcentaje de bosques naturales certificados FSC en los países del Sur, resulta que representan un porcentaje ridículo del total de hectáreas certificadas, y que la certificación, como decíamos más arriba se está convirtiendo en una “marca de calidad” que elimina de la competencia a los países pobres en el mercado internacional. Por todo ello, llegamos a la conclusión que los precios facilitados por los almacenistas que dicen poseer madera certificada FSC, lo son de algunas especies que se crían en plantaciones (no bosques) en los países del Norte, que un porcentaje cercano 3 al 25% del consumo de la industria del mueble valenciano es madera de haya que no puede conseguirse hoy día en España bajo certificación alguna (según información verbal del gerente de Tamalsa, empresa importadora que tendremos ocasión de citar), y que otro 30% son maderas tropicales, que como decimos, carecen de certificación. Conclusión: ni siquiera un intento de monetización neoclásiconewtoniana- contable es posible realizar, ya que el 50% de la madera no tiene precio como madera FSC, y el trabajo de Van Dam y la lógica y el sentido común afirman que no tiene nada que ver el coste de certificar madera en un país del Norte, que trabaja con plantaciones que ya tenían estándares de calidad medioambiental muy exigentes, con el coste de mantener una certificación FSC en un bosque natural del Sur, donde sólo se puede talar alguna o algunas especies concretas que están diseminadas por un abrupto bosque repleto de vida y biodiversidad que hay que respetar si queremos mantener la certificación FSC. ¿qué precio deberá tener esta madera procedente de bosques naturales tropicales repletos de riqueza que cuidar y mantener intacta?. Otro problema añadido, es el cálculo de costes necesarios si se piensa, como dice Carles Arnal, que la central de Cofrentes debe ser cerrada en un plazo medio. Y aunque algo en desuso, en Economía, el concepto de medio plazo está entre uno y cinco años. O quizá algún autor pueda haber escrito que diez. Pero no más. Y pasando revista al que nos queda: ¿Cómo valorar el tratamiento de los residuos que se generan en la industria del mueble? ¿Mediante el coste de la factura que tiene que pagar una empresa para desprenderse de los mismos?. Porque alguien puede afirmar que sería necesario comprobar que esos residuos terminan en el lugar adecuado, neutralizados de la manera adecuada, o reciclados de la forma más idónea. Lo que nos puede llevar a una descripción y crítica de las formas en que todo ese proceso se está llevando a cabo actualmente, y por analizar el grado de cumplimiento de la legislación medioambiental que está en vigor. Sin entrar en un análisis de la misma, para valorar si es la legislación adecuada para tratar de manera conveniente el problema. Tendríamos que acudir a la opinión contradictoria de expertos en el tema (químicos, biólogos, ecólogos, etc.) que valorasen si la situación actual es la óptima desde un punto de vista de la sostenibilidad global a largo plazo. Y cuidado con las opiniones sesgadas desde un punto de vista político ante la disyuntiva de calificar de admisible o no, para la sostenibilidad global, un determinado sistema de neutralización y reciclaje de residuos. Y para los que deseen llevar las cosas hasta sus últimas consecuencias, deberíamos tratar de la postura política adoptada por Estados Unidos y otros países ante la firma del Protocolo de Kioto (según noticia aparecida en El País el 17-7-03, las emisiones españolas de CO2 sobrepasan un 38% las de 1990, cuando en los años 2008-2012 deberían haber crecido un máximo de un 15%, según establece la UE en dicho Protocolo), respecto de la emisión de gases efecto invernadero, ya que los bosques son neutralizadores del principal. Y por qué no criticar la utilización indiscriminada que se realiza del automóvil en una 4 ciudad deshumanizada y pensada no sólo para que los autos puedan circular, sino pensada para que sólo se pueda circular en auto, que es mucho más grave e indicativo de las verdaderas intenciones de las industrias que ahora por doquier se tildan de sostenibles en anuncios por televisión. Sin embargo hay algo en lo que también hay que pensar: ¿Sería la certificación FSC en todos los bosques del mundo una garantía de sostenibilidad?. Puede que ello mantuviera a raya la deforestación a nivel mundial, pero ¿es necesario mantener los niveles actuales o por el contrario hay que verse en el trance de recuperar masa boscosa ya perdida en años anteriores?. ¿Es necesario detener el abuso en la utilización del automóvil y en la producción de la industria química y energética para poder afirmar que con tal número determinado de hectáreas de bosque tenemos asegurada la sostenibilidad de las futuras generaciones y controlado el cambio climático, además de asegurada la salvaguarda de la biodiversidad que nos queda?. ¿Porqué no entrar a discutir la desigualdad a nivel mundial y el sistema de pobreza instaurado por el capital internacional para poder obtener materias primas a precios interesantes para el mantenimiento del “status quo”?. ¿Estamos colaborando a mantener ese “status quo” cuando nos lanzamos a realizar cálculos monetarios respecto de la asunción de algunos costes por parte de la industria del mueble, o por el contrario estamos dando un paso adelante respecto de la obligatoriedad de determinadas normas que pueden ayudar a garantizar la sostenibilidad?. Creo que la respuesta a esta última pregunta, que es la más delicada, es una cuestión que se enmarca dentro de la ideología más o menos ecológica que cada uno profese. Y podrían darse mil argumentos a favor y mil en contra. No vamos a convencer a nadie con algunos razonamientos bien construidos, mientras el pobre del Sur sólo tenga los árboles para conseguir el sustento para sus hijos, y el rico del Norte haya firmado hace dos años letras de cambio por la compra de un bonito y potente automóvil que le vencen mes a mes, aunque ya esté arrepentido de haberlo hecho. Sólo nos queda dejar constancia, aunque no le demos solución, de la problemática política en la que se enmarca la economía ecológica, al igual que el resto de aquellos conceptos que se atreven a poner el dedo en la llaga de un conflicto: EN NUESTRO CASO ES EL CONFLICTO ENTRE LA RIQUEZA (MATERIAL Y MAL ENTENDIDA) DE UNOS POCOS Y EL FUTURO DE TODOS.
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